Deteniendo la bola de nieve

Por: ERIC DUPORT JARAMILLO

Estamos en un momento único de nuestras vidas en que la solución a la crisis económica que vivirá el planeta en los próximos meses dependerá única y exclusivamente de la empatía que todos tengamos por los demás y no de nuestro pensamiento individualista. Esta situación, que desafía nuestra forma de ser egoísta, en donde nuestras acciones buscan la supervivencia de nuestro entorno familiar, sobre todo en países en donde no tenemos estaciones y no estamos preparados para planear el futuro, hace que las decisiones sean generalmente cortoplacistas.

Por otro lado, desde el punto de vista legal, amparados en toda clase de teorías jurídicas que permiten demostrar que esta pandemia es un eximente para el cumplimiento de las obligaciones, las relaciones contractuales comenzarán a deteriorarse, pues cada parte buscará satisfacer su interés individual y, por lo tanto, las relaciones humanas se deteriorarán mucho más, para el provecho de algunos abogados y la desgracia de nuestro sistema judicial.

Vivimos en un país con limitados recursos económicos y las medidas del gobierno buscarán contener lo que puede convertirse en una verdadera catástrofe social. Por lo tanto, la esperanza de los empresarios y de los generadores de riqueza del país no puede estar puesta en los salvavidas que lance el gobierno. Es este el momento de entender que la solución está en todos aquellos que hacen parte de la cadena productiva del país desde los empresarios, hasta los consumidores finales, pasando por empleados, proveedores, el gobierno y los demás grupos de interés.  

He oído, con razón, a varios empresarios tomar la decisión de proteger a todos sus empleados hasta donde su flujo de caja les permita y que, por tal motivo, han suspendido el pago de sus proveedores, entre los cuales están los propietarios de locales, oficinas y bodegas, servicios de aseo, servicios de contabilidad, servicios legales, insumos, entre muchos otros, quienes, al mismo tiempo, están tomando exactamente las mismas decisiones. Al final, la consecuencia lógica, en caso de prolongarse las medidas del gobierno, será no solo tener empresas quebradas, un desempleo rampante y una crisis social imposible de atender por parte del gobierno nacional.

La pregunta es: ¿quién da el primer paso, a pesar de sus dificultades, para ayudarle a los demás? Hoy me enteré que en una empresa de la ciudad, todos los empleados decidieron donarle a la empresa un día de su salario. Esta es una clara actitud de compromiso que seguramente hará que sus propietarios, no solo busquen conservar a sus empleados, sino que tengan un recurso adicional para pagar a sus proveedores. Y, si al mismo tiempo, el arrendador de las oficinas, voluntariamente y sin esperar la llamada de su inquilino, le informa que los próximos tres meses le cobrará únicamente el 50% del canon. Y si su proveedor de materias primas le da un descuento especial, sacrificando su margen de utilidad por los próximos tres meses. Y si los clientes prefirieren comprar los productos locales, sobre todo a aquellos empresarios que hayan demostrado hacer parte de la solución y no del problema. Lo más seguro sería que nuestra sociedad estaría más preparada para enfrentar la difícil situación que se nos viene, además de demostrar que esta crisis nos ha permitido evolucionar como seres humanos, en donde reconocemos que el bienestar colectivo, es generador de riqueza, a pesar de tener que sacrificar algunos pesos.

Esta crisis no se soluciona con abogados, sino con empatía, solidaridad y dando el primer paso, sin esperar que los demás también lo den.


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